El poder del sol en el Imperio inca

La historia de Trujillo y la del Imperio inca quedaron ligadas en el siglo XVI. Esta civilización fue una de las más avanzadas y desarrolladas de Iberoamérica y su dominio se extendía por el territorio actual de Perú, de Ecuador y por una parte importante de Colombia.

Al igual que sucedía en todas las sociedades quechuas, los incas consideraban dioses a los elementos de la naturaleza y la divinidad más importante y venerada era el sol. El astro rey recibía el nombre de Inti y era un dios representado con un rostro humano dentro de un disco solar que estaba rodeado de rayos. Esta figura era temida por su poder, se creía que el oro era su sudor y que los eclipses eran una muestra de su cólera.

Para los incas Inti dominaba todas las cosechas haciendo que crecieran los cultivos con su luz y aportaba calor a la humanidad. Tal era su importancia que se construyeron templos en su honor en todas las partes del imperio, el más destacado fue el templo de Coricancha, que traducido al castellano significa “recinto dorado” y que se ubicaba en la antigua ciudad de Cusco, que era la capital del imperio.

En muchas ocasiones todos estos templos se usaron para sacrificar animales como la llama o para entregar objetos de oro y plata en forma de ofrenda, ya que los incas creían que con estas acciones se reconciliaban con sus divinidades. Además, la fiesta más importante que se celebraba en honor al dios sol recibía el nombre de Inti Raymi, y tenía lugar el día 24 de junio, una fecha muy cercana al solsticio de verano.

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